
Aunque parezca que te sonrío, te puedes morir delante de mí que no voy a pestañear. Exijo la presidencia del salón (y del dormitorio, la cocina...).
Yo hablo sin parar, no escucho y todos calláis ante mí. Me dedicarás 11 años completos de tu vida. Yo te enseño la realidad, no hace falta que mires por la ventana.
Te convenzo de que compres los productos de las grandes compañías que me financian o que son mis propietarias.
No me gusta que os relacionéis entre vosotros, prefiero que me miréis a mí. Muestro la guerra, la violencia, los desastres, pero no explico con claridad sus causas.
Soy un agente acelerador de la globalización económica, y celebro cada día el modo de producción y consumo que marca el capitalismo.
Si te hablo de felicidad, es para hablarte de consumo.
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